
De joven pintaba al óleo. Me gustaba desparramar el color por la tela. Ensuciarme las manos, que olieran a pintura y a aguarrás. Me pasaba horas delante del caballete fantaseando llegar a ser una gran artista.
Luego, la vida me forzó a cambiar de prioridades, pero me sigue gustando la pintura. De hecho, al llegar a una ciudad desconocida para mí, siempre visito su museo de arte. Me pierdo por las salas durante horas.
Así que se me ocurrió buscar pinturas en el museo del Prado de Madrid que representaran la ciencia de alguna forma. Y he encontrado algunas que voy a mostraros por orden cronológico.

Imprescindible, “El jardín de las delicias “(1500-1505) de El Bosco. Este tríptico me produce una inquietud interior que seguro comparto con más de uno de vosotros.
Este cuadro representa las ideas creacionistas de la época, según se ve en la obra, todas las criaturas fueron creadas a la vez por Dios. Hoy, gracias a Darwin y a la Teoría de la Evolución sabemos que no fue así. Las especies evolucionan a partir de otras. Aún hoy, sectores de la sociedad, sobre todo estadounidense, todavía creen en la interpretación literal (y falsa) que propone la Biblia.
Algo curioso es que, si cerramos el tríptico, la obra muestra una figura en blanco, negro y varios tonos de gris, llamada grisalla. Es una representación ptolemaica, es decir, geocéntrica, del Universo.
En la tabla central se representa un paisaje que puede interpretarse casi como un estudio de la naturaleza y la biodiversidad, presentando plantas y animales.

“El triunfo de la muerte” (1562) de Pieter Bruegel el Viejo. Esta obra me pareció qué reflejaba las preocupaciones de la época: la peste y la muerte. No sé si estaréis de acuerdo en qué estos temas tienen claras conexiones con la ciencia médica.
La pintura es una alegoría de la muerte, con esqueletos y escenas de devastación, mostrándonos los efectos sobre la sociedad y las personas de las epidemias.

“La fragua de Vulcano” (1630) Diego Velázquez. Esta obra representa la mitológica forja de las armas de Aquiles por el dios Vulcano. Aunque es un tema mitológico, la pintura ofrece una visión detallada del trabajo en una forja, destacando el conocimiento sobre los metales y la metalurgia que tenía el pintor.
Velázquez, además, poseía un gran conocimiento de la ingeniería militar y la cartografía de la época. Podéis apreciarlo en detalle en su pintura “La rendición de Breda”

“El alquimista” (1631-1640) de David Teniers es un diminuto cuadro que cuenta mucho de la protociencia de la época. No se puede contar más en tan poco espacio.
Durante el Renacimiento se veía como una disciplina seria que combinaba elementos de química, medicina y filosofía.
Los alquimistas buscaban la piedra filosofal, que se decía podía convertir metales básicos en oro y proporcionar la inmortalidad. Aunque hoy sabemos que la alquimia no funciona, su práctica sentó las bases para el desarrollo de la química como ciencia.
David Teniers nos abre una pequeña ventana a las complejidades y contradicciones del esfuerzo humano por entender y controlar la naturaleza.

“Las tres Gracias» (1635), de Rubens. En el cuadro hay tres mujeres con cabellos de distintos colores que bailan muy unidas acariciadas por finísimas gasas.
El Modelo Estándar de Partículas nos dice que un protón está compuesto por quarks que se juntan de tres en tres muy unidos y que pueden ser de distintos colores. Las gasas que las acaricia podrían representar gluones.
Así que recordaré a Las tres Gracias de Rubens para representar en mí mente a un protón.

“El perro semihundido» (1823), de Goya. De la época de las pinturas negras de Goya en el Prado me impresionó “Dos viejos comiendo sopa” y este. Pensé pobre perrito parece que algo lo está engullendo sin remedio, ¿arenas movedizas?
Entonces me vino a la mente que podría representar de una forma enigmática y sencilla a un agujero negro. ¿Qué opináis?

“Los girasoles” ( 1888) de Vincent van Gogh.
Esta obra no se expone en el Prado sino en Ámsterdam. Sin embargo, no he querido resistirme a incluirlo en esta lista por el hecho de ser conocidísimo y a la vez esconder un pequeño secreto que guardó durante más de cien años.
Una pista para descubrir la base genética de una mutación que se identificó en el 2012
En el lienzo hay quince flores pintadas de dos tipos de girasoles. Unas, las más común en la naturaleza combina una corona de pétalos amarillos y un amplio y oscuro disco central. Junto a estas conviven ejemplares de la variedad mutante denominada double flower, con múltiples coronas de pétalos que casi ocultan el disco central.
Hoy sabemos que esta mutación está causada por la presencia de un único gen dominante. También que probablemente se introdujo de forma deliberada mediante hibridación, debido a la importancia del comercio de flores ornamentales en los Países Bajos en esa época.
Todas estas obras no solo me fascinan por su belleza y maestría artística, sino también por cómo incorporan conocimientos científicos y tecnológicos de su época, reflejando el entendimiento y la curiosidad de sus creadores sobre el mundo natural y los avances científicos junto a la cosmovisión de la época.
Hay muchísimas obras más. Si las encontráis decídmelo, ¿vale? Me gustará conocerlas.
Esta entrada participa en la iniciativa de @hypatiacafe con el tema #PVrelatosolvidados.

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