No te fíes de las apariencias Emily

La niña se acercó silenciosamente a su madre que estaba leyendo sentada en el sofá del salón. Extendió su pequeña mano sobre el brazo de su progenitora sin llegar a tocarlo y cerró los ojos. La madre la miró de reojo.

    —Emily, ¿qué haces?

    —Sintiendo tu campo de energía.

    La madre tomó a su hija por los hombros, se la acercó y se la comió a besos divertida. Las dos rieron y jugaron un buen rato hasta qué Emily dijo. 

    —¡Basta!, va en serio, mamá. Es para el trabajo de ciencias—dijo intentando no reírse de las cosquillas qué le hacía su madre.

    —¡Ep! Un trabajo de ciencia, eso es serio. Cuéntame—la madre dejó de reír dispuesta a escuchar a su hija.

    —El otro día vi un video en donde una señora, enfermera como tú, decía que podía percibir el campo de energía de las personas con solo colocar sus manos así—colocó las dos manos abiertas con las palmas muy cerca de su madre pero sin tocarla—. La señora decía que lo manipulaba con las manos para curar enfermedades, sin siquiera tocar a la persona. Me pareció magia, mama. ¡Magia!   

    La madre la escuchaba muy seria sin interrumpirla.

    —Lo he estado probando, pero no he conseguido sentir nada. No se si lo hago mal o es que no funciona. ¡Pero era una enfermera! Y en el vídeo salían otras enfermeras qué aseguraban que funcionaba.

    —No te fíes de las apariencias, Emily. Las enfermeras podemos estar tan equilibradas como cualquier otro adulto, incluidos los médicos.

    —Entonces, ¿qué hago? ¿Busco otro tema para la feria de la ciencia? 

    —No, no… Este es perfecto. De hecho, para esto sirve la ciencia. Para averiguar a través de modelos experimentales si algo se acerca a la verdad o no. — la madre le guiño un ojo —Podrías pensar en un experimento que pueda demostrar si el reiki, así lo llaman, funciona o no.

    Emily se fue a su habitación. «¿Es posible que estén fingiendo? ¿O simplemente se lo imaginan?» pensó mientras jugaba en su habitación, rodeada de libros y juguetes. Sabía que a veces las personas creían en cosas sin tener pruebas, solo porque querían que fuera cierto. De hecho, a ella le gustaría qué fuera cierto. Pero su madre siempre le había dicho que con la salud no se juega. “Entonces, ¿Cómo pueden estar seguras las personas del video de que funcionaba si no lo ponen a prueba? Yo lo haré.”

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Y lo hizo. Emily Rosa con tan solo nueve años demostró que el reiki no funciona. Y en 1998, con once, le publicaron el estudio en una prestigiosa revista de medicina con la imprescindible revisión por pares.

    Me entristece que no conozcamos quien es Emily Rosa, que la hayamos olvido y, en cambio, todos sepamos lo que es el reiki, terapia qué Emily demostró con creces, hace dos décadas, su falsedad, pero ya se sabe que hay campo abonado para la hydra de mil cabezas que es la pseudociencia y sus múltiples variantes. 

    El reiki es un método sanador creado en 1932 por un monje japonés llamado Mikao Usui. Está basado en el qi (chi) o prana, una fuerza (energía) vital y universal que no se puede medir, por lo que es imposible demostrar qué existe. Esta energía se supone que puede canalizarse a través del reiki (imposición de manos), permitiendo al practicante tratar enfermedades tanto físicas como mentales. ¡Chantatachan!…

    Si bien esta práctica se remonta a la medicina tradicional oriental, evolucionó en los años setenta del siglo XX envuelta en apariencia científica de la mano de la enfermera teósofa Dora Kunz, a la que luego completó y ordenó otra compañera de profesión, Dolores Krieger. 

    El reportaje que vio Emily en 1996 fue sobre una entrevista a la enfermera Dolores Krieger dentro de la polémica qué surgió por parte de la Asociación de Filadelfia para el Pensamiento Crítico y la Fundación James Randi 

    Emily diseñó un experimento sencillo pero efectivo para poner a prueba la capacidad de los practicantes de reiki para detectar “energía vital” y manipularla.

    El experimento consistió en colocar a sanadores (practicantes de reiki) como a no sanadores ( personas normales) sentados en una mesa de frente a Emily. Entre ellos, para no poder verse, un cartón grande con dos agujeros, tipo puertecita de ratón en la pared a ras de suelo, como en los cuentos, por los que pasaban los dos brazos los practicantes al trozo de mesa donde estaba Emily. Ella colocaba una mano, sin tocar ni rozar, sobre la del practicante que debía identificar cuál de las manos de Emily emitía una mayor cantidad de «energía vital», sin verla, claro. Sin embargo, Emily elegía al azar cuál de sus manos usar en cada prueba.

    Los resultados fueron claros: los practicantes tanto sanadores como no sanadores no lograron identificar correctamente la mano con mayor energía con una frecuencia superior a la que se esperaría por azar. Esto sugiere que la capacidad de sentir y manipular la energía vital, tal como lo postula el reiki, no tiene una base científica sólida.

    El experimento de Emily generó un gran debate y puso en duda la efectividad del reiki. Aun así muchas personas siguen practicando y creyendo en esta “terapia alternativa”, a pesar de la extensa evidencia científica disponible que desmiente sus supuestos beneficios.

    En resumen, el experimento de Emily demostró que los practicantes de reiki no poseen habilidades sobrehumanas para detectar y manipular la energía. Siendo un ejemplo de cómo la ciencia, incluso en manos de una niña, puede desafiar creencias arraigadas y promover el pensamiento crítico.

    Cuando algo nos parece magia habría que buscar siempre evidencias. Sin embargo, como es imposible hacer un experimento cada vez que dudemos de algo deberíamos tener siempre a mano fuentes fiables.  

“Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias.”

David Hume

Por si deseáis saber más: 

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Emily_Rosa

https://mujeresconciencia.com/2018/12/04/el-caso-de-emily-rosa/

Con este relato participo como #polivulgador en la iniciativa de @hypatiacafe para el tema #PVapariencias 


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Comentarios

3 respuestas a «No te fíes de las apariencias Emily»

  1. […] No te fíes de las apariencias, Emily (microrrelato), de Cristina Sopena […]

  2. Avatar de Lola

    No conocía la historia de Emily, como bien dices se hace más publicidad del reiki. Estupendo relato Cristina, no pude leerlo en su momento. Un abrazo!

    1. Avatar de Cristina Sopena

      Otro abrazo para ti

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